Torrentes de rubíes,
fluid a través de las cicatrices.
Se acerca la dulce melodía del fin de la carne.
Oídos en catarsis; conciencia excitada.
Vientos sombríos revelan tu semblante.
Mi mirada se pierde dentro de tu oscura alma.
Tierna res guardadora del Sauco,
llevadme a las sombras sin retorno,
Que vuestra hoja de perdición
desconecte mi mente de mi cuerpo.
Toma mi esencia y perpetúala, inmortalízala
y corrompela, seré el espectro que debí ser.
Oh, mis pedidos no son nada más que delirios,
deliriros de muerte.
Estrangulación incorpórea, sofocas los últimos
sentidos de mi espíritu.
Ascensión inversa, la nada por compañia.
Advenimiento al sitio del crepúsculo eterno, siniestro
silencio reina.
Rosa del abismo, que tienes por nombre Soledad,
acompañame en la inmortal senda que
denotan las ánimas perdidas.
Desamparo, conviertete en mis vestiduras
Traición, serás mi espada.
Ahora soy... El guerrero de la Agonía
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